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Terceros espacios en
la poética de Ana Rossetti. Ambigüedad erótica como
apertura textual
Gracia Roldán
University of Cincinnati
Cincinnati, OH
This is an intervention. A message from that space in the margin
that is a site of creativity and power, that inclusive space where
we recover ourselves, where we move in solidarity to erase the category
colonizer/ colonized. Marginality is the space of resistance. Enter
that space. Let us meet there. Enter that space. We greet you as liberators.
(98)
Son las palabras de bell hooks [1]: una invitación,
un llamamiento a entrar en un espacio que aunque marginal, también
es solidario, armonizador; de encuentro y de resistencia al mismo tiempo.
Es ésta una cita de lectura grata, apacible, por los valores que
encierra, si bien quizás, en una primera lectura, pueda tener resonancias
un poco utópicas, que no contradicen un tono serio, firme, convincente
en su postulado. Obsérvese la forma imperativa en enter that
space. Let us meet there." Es esta la primera razón por la
que he optado por tomarla de referencia como punto de partida de mi trabajo;
la segunda tiene que ver con el terreno en que nos introduce.
Según hooks, en este tercer espacio se genera un movimiento solidario
que facilita la derogación de categorías absolutas tales
como colonizador/colonizado. Es desde esta problemática que surge
el tema objeto de este trabajo, cuya hipótesis no pretende trazar
un recorrido exhaustivo (ni ofrecer una visión global) de los diferentes
posicionamientos, teóricos y literarios relativos a las cuestiones
de género que por lo común caben bajo el epígrafe
de literatura femenina. Mi intención, basándome
en los planteamientos teóricos de Thirdspace, de Edward Soja y
bell hooks, se limita a mostrar, a través de la obra poética
de Ana Rossetti [2], que hay una vía
factible para escapar a un discurso fuertemente consolidado por el sistema
de oposiciones jerárquicas impuesto por un logocentrismo falocéntrico.
Ana Rossetti, a través de imágenes poéticas trazadas
por la ambigüedad erótica, logra un tercer espacio, de constante
apertura, que rompe sutil y definitivamente con las categorizaciones de
tipo femenino/masculino, o a la inversa. La reducción, por consiguiente,
de toda clasificación genérica al arbitrio de sólo
estos dos términos es un corpiño constrictivo, insuficiente,
porque siempre hay otras posibilidades, un otro que sería
más que la suma de sus partes. Es por ello que la mera inversión
de este posicionamiento binario, es decir, posicionar lo femenino ahora
en el primer término de la oposición, lejos de subvertir
esta percepción viene a reafirmarla. Tal es el caso de una antología
poética de título tan sonada y sonoramente pro feminae
como Ellas tienen la palabra. Si resulta comprensible pensar en
lo atractivo de tal título desde un punto de vista editorial, ni
la razón de ser de tal obra ni las exégesis justificativas,
personales, de algunas de las escritoras que componen la antología
resultan coherentes con el feminismo más o menos radical que resuma
su poesía.
Confronto la lectura de Ellas tienen la palabra partiendo de las
premisas que Edward W. Soja plasma en la introducción de su libro
Thirdspace, en donde propone una actitud abierta que vaya más
allá de las perspectivas binarias cerradas impuestas por un pensamiento
logocéntrico centrado en alternativas tales como modernidad/ post-
modernidad, blanco/negro, masculino/femenino, etc. Resulta así
su palabra una amplia invitación a entrar en una dimensión
nueva, generadora de una multiplicidad armonizadora:
It is instead an efficient invitation to enter a space of extraordinary
openness, a place of critical exchange where the geographical imagination
can be expanded to encompass a multiplicity of perspectives that have
heretofore been considered by the epistemological referees to be incompatible,
uncombinable. It is a space where issues of race, class, and gender
can be addressed simultaneously without privileging one over the other;
where one can be Marxist and post-Marxist, materialist and idealist,
structuralist and humanist, disciplined and transdisciplinary at the
same time [3]. (5)
Jonathan Culler en su libro Sobre la deconstrucción, apunta
que debemos entender este método de análisis como una estrategia
para tratar de cambiar las categorías filosóficas de dominio.
El mismo Derrida, al describir esta estrategia, sostiene la imposibilidad
de una coexistencia pacífica entre los términos de cualquier
oposición filosófica tradicional, fijada siempre en una
violenta jerarquía: Uno de los términos domina al
otro (...) ocupa la posición dominante. Deconstruir la oposición
es ante todo, en un momento dado, invertir la jerarquía.
(79) Ahora bien, según Derrida, no sólo se trata de llevar
a cabo una mera inversión de términos, sino que hay además
que resquebrajar todo el sistema. Observo, sin embargo, una
diferencia fundamental entre la deconstrucción de Derrida, y la
propuesta que hace Soja de Thirdspace, pues mientras el primero
nos da toda una estrategia a seguir, Soja la sugiere. Thirdspace
es un proceso posterior a la deconstrucción, en el que no se fijan
unos principios de acción crítica , pero sí se indica
que existe un camino más amplio para todos. No hay un tercer espacio
específico, sino terceras posibilidades que siempre han quedado
vedadas por el fuerte arraigo del pensamiento binario tradicional. Soja
nos invita a ir más allá, para re-encontrarnos en ese espacio
de constante apertura, flexible y armonizador.
A partir de Derrida y Lacan, se han desarrollado en las últimas
décadas una serie de teorías feministas encaminadas a romper
con cualquier forma de discurso logocéntrico, donde
siempre el primer término pertenece al logos, y por ello se le
supone una instancia superior, mientras que el segundo término
va a representar la caída. Es éste, según Culler,
el procedimiento que tradicionalmente se ha seguido en cualquier análisis
serio. Añade Culler que la dificultad de ingeniar
y practicar diferentes procedimientos es una indicación de la ubicuidad
del logocentrismo (86). Por lo mismo, Dulce Chacón, en su
artículo La palabra, aquella osadía, mantiene
una posición firme, positiva, en cuanto a esta polémica
de la voz a nosotras debida. Postula la extremeña que algún
día dejará de ser una novedad que la mujer haya tomado la
palabra (43). De su actitud se desprende una sensación de
aburrimiento, de extremo cansancio, que quizás obedezca a la reiteración
y a la falta de nuevas propuestas con que se ha venido tratando el tema
de la escritura femenina. De forma irónica, como medida de consuelo,
añade Chacón: Y entonces la mujer que escribe dejará
de estar de moda, afortunadamente, porque las modas pasan, porque lo efímero
es el mejor atributo de la moda. Esta moda se olvidará, como tantas
otras, y quedarán los libros, escritos por hombres, o por mujeres.
Qué más da. ¿Cabe desprender este cansancio
de un título de tan cortas miras como el de Ellas tienen la
palabra?
Cuando en el año 1997 aparece la antología que nos ocupa,
¿qué se estaba haciendo sino reforzar este logocentrismo?;
y digo reforzar, porque parece evidente que se anuncia lo mismo que con
presumible rigor se critica. La diferencia radica en que ahora son ellas,
en lugar de ellos, o ellas y ellos, planteamiento
que supone una mera inversión de términos, añeja
e infecunda por reduccionista, ya que parte de la relación binaria
tradicional masculino/femenino, y en ella se mantiene, consolidándola.
Si esto es así para el título, veamos ahora en qué
medida cabe o no la aplicación de esta crítica a los contenidos.
Concha García, poeta antologada en Ellas tienen la palabra,
opina que la mujer, para lograr su identidad, debe alejarse de consideraciones
en cuanto a sexo femenino. Dice así:
Me parece que cualquiera con un poco de sentido común tiene
que empezar a plantearse la lectura de un autor o autora no desde
su sexo, sino desde lo que dice. (...) Necesitamos justamente reflexionar,
intercambiar, dejamos de creer que seguimos siendo un florero que
está de moda. En resumidas cuentas, necesitamos dejar de pensar
que somos del sexo femenino para estar seguras de lo que somos: mujeres.
(229)
Parece cuestionar este sentido común el mantener una postura tan
firme y al mismo tiempo formar parte de una antología de título
tan sonadamente femenino como Ellas tienen la
palabra. De esta forma seguro que el florero va a tener larga vida.
Menchu Gutiérrez, poeta también antologada, declara en su
poética que: Yo me siento incómoda con el tema del
yo femenino y el yo masculino, que veo como un reduccionismo que no casa
con la esencia de la poesía (303). Lo que a mi juicio resulta
triste es que el reduccionismo no escape al mismo título que da
la palabra; sino que antes al contrario, lo reafirme.
Gabriela Baquero, poeta asimismo incluida en la antología, en respuesta
a la pregunta de qué opina de ser mujer y escritora, responde con
esta afirmación: Hoy en día el planteamiento de esta
cuestión refleja una suerte de racismo (de mujeres, de negros,
de homosexuales...) que no estoy dispuesta a apoyar ni a explotar. Si
he aceptado ser incluida en esta antología es porque en ella se
intenta señalar lo olvidado... (366) .
La respuesta de Baquero, suena a excusa poco convincente, dado que no
sólo el título, sino también el propio ser de esta
antología no hace sino contribuir a esa suerte de racismo",
que menciona la autora, en tanto que se sigue apoyando las jerarquías
de poder a que me vengo refiriendo a lo largo de este trabajo. Si en algún
otro momento histórico la inversión agente de este sistema
de oposiciones tuvo alguna justificación, actualmente, más
que un avance, pienso que supone un retroceso.
Si treinta años atrás, los planteamientos de Hélène
Cixous en Le rire de la Méduse, emblemática obra
del feminismo en la que su autora exhorta a las mujeres a escriban de
acuerdo a un lenguaje exclusivamente femenino, resultaban válidos
en tanto que suponían una primera cuña fundamental con la
que percutir sobre el discurso falocéntrico dominante en nuestra
cultura, hoy en día, el seguimiento de su propuesta adolece de
sentido . Qué duda cabe que el andar se ha hecho camino, y que
el tránsito de dicho camino ha sido posible gracias a planteamientos
como los de Cixous. Sin embargo, qué duda cabe también de
que volver a este punto de partida no ofrece ninguna solución nueva
al largo camino que al feminismo aún le queda por recorrer.
Al mantener la misma dialéctica binaria tradicional que pariera
el sistema patriarcal, tal vez se logre ubicar a la mujer en primer término,
pero sólo a riesgo de perpetuar un estado de cosas retrógrado
, una especie de sexismo invertido.
La visión de bell hooks, en su propuesta de entender las cuestiones
de género como un espacio de radical apertura, coincide en gran
medida con los atractivos planteamientos de intelectuales como Judith
Butler y Joan W. Scott, quienes vienen a afirmar que uno de los defectos
del feminismo radica en haber cerrado las posibilidades de apertura a
la identidad individual de cada uno. Al posicionar a la mujer como un
grupo diferente, enmarcado por unas características genuinas e
intereses comunes, este feminismo, lejos de lograr superar esta antagónica
clasificación de género, no hace sino reafirmar la oposición
entre mujer y hombre, no sólo en tanto que categorías sexuales
tenidas por absolutas en función de una falazmente presunta condición
natural (o biológica), sino que también dicha diferenciación
llega a abarcar las construcciones de género, que ambos también
posicionan, dada su condición de creación cultural,
ajenas al simplismo generador de dicha dicotomía. Sus postulados
teóricos, por consiguiente, nos llevan a cuestionar críticamente
tal exclusivismo impositivo sobre el que las posiciones de un tal vez
bienintencionado primer feminismo se estableciera asimismo tan categóricamente.
bell hooks, ha avanzado profundamente en el concepto de Thirdspace,
utilizándolo para explorar problemas de raza, clases, y género.
Soja encuentra en hooks la mejor alternativa para ilustrar la radical
apertura de Thirdspace, por la flexibilidad con que ella trata los problemas
de opresión y desigualdad. Encuentra en hooks un fuerte antídoto
contra los reductivos discursos binarios tradicionales. Su escritura es
un espacio de constante apertura, de constantes autocríticas. Es
por lo tanto un espacio donde no caben determinaciones absolutas. Según
Soja: In bell hooks' writings, there has been a particularly lucid,
expressive, and accessible convergence of these discourses, both old and
new, making her Yearnings an especially useful place from which
to re-explore Thirdspace (96).
Hooks elige la marginalización. No la impuesta por el otro,
sino una nueva impuesta por ella misma. Intenta destruir ese espacio binario
donde siempre el oprimido se ha definido en términos del opresor.
¿No es lo femenino un término con que el patriarcado ha
trazado las diferencias a lo largo de la historia?, ¿por qué,
pues, seguir limitados a ello? ¿Qué define en todo caso
lo femenino?
Soja ve en Hooks un constante intento por encontrar todas las posibilidades
que una realidad tiene, mirando siempre hacia una nueva apertura. En opinión
de Soja: She chooses a space that is simultaneously central and
marginal (and purely neither at the same time), a difficult and risky
place on the edge, filled with contradictions and ambiguities, with perils
but also with new possibilities: a Thirdspace of political choice. (97)
La poesía de la gaditana Ana Rossetti, poeta también antologada,
nos sumerge en ese espacio lleno de ambigüedades y de nuevas posibilidades
a que se refiere Soja. Su estilo, renovado y atrayente, escapa de los
reductibles binarismos mencionados con anterioridad. Lo erótico
en Rossetti supone un intento por conocer lo otro, a ir más allá
de los límites solitarios del cuerpo, de su propia femineidad.
En mi opinión, su poesía es una forma de expansión
infinita, donde a través de constantes fantasías y simbolizaciones,
se crean espacios nuevos. Rossetti presenta otro nivel que no es el tradicional,
donde a través de lo erótico se abren nuevas esferas de
reflexiones.
Según Soja, thirding-as Othering supone el primer y
más importante paso para transformar categorías cerradas
por otras que presenten una lógica más abierta. Aclara que
el proceso no consiste en una mera combinación de los dos términos,
sino de una deconstrucción; ahora bien, debe darse una reconstitución
que origine nuevas posibilidades en constante mutación. Esta nueva
posibilidad no deriva de sus antecedentes binarios, no sirve necesariamente
para destruirlos, sino para enriquecerlos.
Thirding introduces a critical other- than choice that
speaks and critiques through its otherness. That is to say, it does
not derive simply from an additive combination of its binary antecedents
but rather from a disordering, deconstruction, and tentative reconstitution
of their presumed totalization producing an open alternative that
is both similar and strikingly different. (61)
En el poema Mi marinero en tierra el lenguaje poético
supone una clara transgresión de los códigos sexuales impuestos
por la cultura patriarcal. Comparto la opinión de LaFollette en
cuanto a que en sus poemas, Rossetti Explores the sexual imagination
humorously at times but never frivolously. Instead of overturning categories,
she often seems to want to go beyond them (581).
Bruscamente en la puerta: la luz interrumpiendo,
adelgazándose incandescente y afilado hilo,
trazo que te devuelve del marítimo azul;
y me adelanto, y sé que en dónde una escollera
más firme que tu pecho - de la balleta débil
el bruno vello asoma -, dónde abismo que iguale
al que en tu boca acecha. Tensa cinta cruzando
la tostada mejilla, voz de tu apremio enmarca.
Y me adelanto. Y sé. Y me apresuro.
Y destreza suplícole a mis dedos,
tantos son los botones que tu pretina celan.
En la primera parte del poema se nos presenta a un hombre de marcados
rasgos viriles, endurecido por la mar. Esta imagen se consigue con el
uso de una serie de significantes tales como bruscamente, escollera,
vello, tostada mejilla.
Con el verbo acecha el hablante lírico expresa su inminente
deseo sexual. Si en los versos uno a ocho queda perfectamente trazada
la virilidad masculina, en el verso nueve, sorpresivamente se produce
un giro, donde la voz lírica femenina toma la iniciativa para la
iniciación del acto sexual. Y me adelanto. Es decir, la
mujer se apropia del derecho a decidir su momento sexual. Y sé.
Por lo que se reafirma su posición con firmeza. Y me apresuro.
Con lo que se expresa su urgencia sexual, al igual que la del hombre.
El signo de puntuación que separa a los tres verbos, posiciona
la voz de la mujer con una fuerte convicción.
Hilde F. Cramsie en su estudio del poema, expresa lo siguiente:
El hablante lírico femenino en su apremio erótico prosigue
a desnudar al hombre, rompiendo el mito tradicional de la modestia
y pasividad sexual femenina que el orden simbólico la ha asignado.
No es el hombre quien rasga las vestiduras de la mujer, sino la mujer
quien lo convierte en objeto de su deseo al desabotonar la pretina
que cela o resguarda su sexo. (201)
Pero no debe entenderse como una simple transgresión, si fuese
así, mi análisis limitaría la amplitud del poema.
Rossetti, en los versos seis y siete, y en relación con el anterior
discurso de Soja, ofrece una nueva posibilidad, un nuevo espacio similar
and strikingly different, donde la voz lírica, a pesar de las
diferencias biológicas, reclama la igualdad entre ambos sexos.
La poética de Rossetti supone toda una regeneración del
lenguaje. Aunque en algunos
poemas la voz poética es femenina, considero que su poesía
debe interpretarse partiendo de la ambigüedad. El uso del lenguaje
ambiguo, junto al erótico, es una forma de alejarse de la dialéctica
racional dualista masculino-femenino. Rossetti, al desmarcarse de la voz
femenina, consigue libertad.
En palabras de Marta LaFollette, Rossetti violates expectations
perhaps to create more freedom for herself (...) Her acts of rebellion,
do not proclaim doctrines but rather acknowledge the complexities of the
human psyche. Rossetti suggests through her double texts the multiple
levels of meaning that can coexist in imagination and experience
(580).
En el poema De los pubis angélicos la voz lírica
se presenta de forma difusa, ambigua. Partiendo del concepto convencional
de la pareja, formado por hombre y mujer, el hablante lírico podría
ser un hombre, por un simple proceso de exclusión. Es decir, si
se acepta la voz lírica como masculina, es porque partimos de una
relación bisexual, donde si lo femenino está delimitado,
lo otro, forzosamente, por contraposición, debe ser masculino.
Veamos el poema.
Divagar
por la doble avenida de tus piernas,
recorrer la ardiente miel pulida, demorarme,
y en el promiscuo borde,
donde el enigma embosca su portento,
contenerme.
El dedo titubea, no se atreve,
la tan frágil censura traspasando
-adherido triángulo que el elástico alisa-
a saber qué le aguarda.
A comprobar, por fin, el sexo de los ángeles.
Se puede observar una vaga alusión al cuerpo de la mujer. Los senos,
se simbolizan con ardiente miel mientras que el espacio que delimita
el sexo de la mujer queda representado con adherido triángulo.
Sin embargo tal categorización no es tan simple, puesto que aparecen
una serie de términos expresados de forma ambigua, como divagar
y titubea, sinónimos de imprecisión y duda. Doble
avenida se puede referir tanto a las piernas de la mujer, como a una
doble sexualidad; promiscuo borde y portento, pueden hacer alusión
tanto al sexo masculino como al sexo femenino. En mi lectura del poema
me inclino por la ambigüedad sexual del propio hablante lírico.
Si a lo largo del poema se han ido trazando indicios de ambigüedad,
el final es prueba total de desconcierto. Con el sustantivo enigma
y a saber qué le aguarda se da entrada a lo desconocido,
que no es ni más ni menos que el sexo de los ángeles. El
poema, queda pues suspendido en el deseo sexual, en la imagen erótica.
En relación con la ambigüedad, resulta curiosa la observación
de Marta LaFollette en relación a la imagen física de Ana
Rossetti, así lo expresa: Photographs of Rossetti - such
as the one included in Indicios vehementes -also exhibit gender
ambiguity, her attire (including tie) suggesting masculinity, her posture,
féminity (580).
De esta forma Rossetti al igual que Soja en la teoría espacial
de Thirdspace, transgrede la dicotomía tradicional
de género. Obsérvese la relación en las posiciones
de cada uno de ellos: Dice LaFollette que en sus poemas, Rosetti Explores
the sexual imagination humorously at times but never frivolously. Instead
of overturning categories, she often seems to want to go beyond them"
(581).
Para Soja Cityspace is no longer just dichotomously gendered or
sexed, it is literally and figuratively transgressed with an abundance
of sexual possibilities and pleasures (113).
Cixous, en su teoría feminista afirma que las mujeres son sexualmente
diferentes de los hombres y que esa diferencia se debe reflejar en la
escritura de ambos. Para ello, la mujer debe partir de su propio cuerpo,
- la vagina, el vientre, los pechos, las zonas erógenas - para
así crear un discurso nuevo y único, exclusivamente femenino.
Los poemas comentados anteriormente, en mi opinión, no presentan
una clara reconciliación con la teoría feminista de Cixous,
a pesar de que en numerosas ocasiones se les ha asociado. En ambos poemas,
el hablante lírico podría ser tanto masculino como femenino.
Tampoco se observa una alusión directa a las partes del cuerpo
de la mujer. Todo ello es señal de que en contra de la teoría
de Cixous, no son tan claras las diferencias. Creo que la poesía
de Rossetti, junto a otras autoras de la antología Ellas tienen
la palabra, sí presenta una cierta apertura en cuanto a temática.
El tratamiento de temas eróticos, y la ambigüedad permite
encauzar su poesía en un ámbito más flexible, más
abierto; al apropiarse de un discurso masculino por excelencia, que durante
décadas le ha sido vedado, se está abriendo nuevos espacios
en los que la voz de la mujer está representada, de esta manera
se crea un nuevo lenguaje, una nueva dinámica, más solidaria
que excluyente, que se acercaría a lo que Soja denomina Thirdspace
.
Como conclusión, se ha de señalar que hay un punto en el
que coinciden todos ellos: la necesidad de crear un discurso nuevo. La
diferencia estriba en la forma de llegar a él.
Si Derrida afirma que hay que partir del propio sistema, pero para resquebrajarlo,
Soja, hooks, vienen a decir, que se debe trabajar solidariamente desde
los márgenes, para crear un espacio nuevo de encuentro e intercambio.
No estoy de acuerdo, ni con la teoría exclusivista, reduccionista
de Hélène Cixous, y su discurso inminentemente femenino
, ni con cualquier antología que se presente con títulos
de ese tipo. No pienso que sea este el camino a seguir, si se pretende
destruir el dominio falogocéntrico.
Ya lejos quedaron, Los versos con faldas o cualquier visión
patriarcal, que reduzca a la mujer a un mero estereotipo. En esta época
que vivimos no hay cabida para aceptar una categorización de este
tipo, o mejor dicho, no hay cabida para aceptar ninguna categorización.
En gran parte coincido con algunos autores en que tales diferenciaciones,
más que positivas, perjudican la labor y el esfuerzo por encontrar
una justa igualdad, o al menos, por eliminar las diferencias. Para romper
y salir del campo del conocimiento masculino, se debe profundizar más
en otros aspectos, e ir más allá del binarismo hombre-mujer.
Pienso que existe una total libertad de temas y formas, que ofrece un
campo ampliamente abierto a las nuevas poetas. Es evidente que los tiempos
están cambiando, entonces, ¿por qué no cambiar también
las estrategias?
No encontraría mejor forma de expresar mi opinión personal,
que de manos de Machado y aquellos famosos versos donde dice: Caminante
no hay camino, se hace camino al andar. Y "caminante" por
supuesto, entendido en género neutro.


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