Entrevista a Olga Orozco, por Anahí Mallol

Biblioteca Nacional, julio de 1998


Anahí Mallol, entrevistadora


Esta entrevista fue realizada para el programa EL FANTASMA, canal á, dirigido por Silvia Hopenhayn. En ese programa un poeta joven, “el fantasma”, entrevistaba a un poeta consagrado. Esta fue la última entrevista que dio en la Argentina la poeta Olga Orozco.
Olga Orozco. Nació en Toay, Provincia de La Pampa, Argentina, en 1920, y murió en 1999. Publicó los poemarios Desde lejos (1946), Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva (1984), En el revés del cielo (1987), Con esta boca, en este mundo (1994) y dos libros de relatos: La oscuridad es otro sol (1967) y También la luz es un abismo (1995).
Anahí Mallol nació en La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1968. Es poeta y ensayista. Publicó Postdata (1998) y Polaroid, (2001), que ganó el Primer Premio en el Certamen “Año 2000, Memoria Histórica de las Mujeres en América Latina y el Caribe”. Sus textos han sido traducidos al inglés y al alemán. En 2003 publicó un libro de ensayos sobre poetas argentinos, El poema y su doble, que recibió un Premio a la Creación artística de la Fundación Antorchas.

 

Entrevista

A.M.: -A propósito del Premio Juan Rulfo que le fue otorgado recientemente se me ocurrió pensar que existe cierta cercanía entre su escritura y la del narrador mexicano por ese gesto de ubicarse como el que se levanta para hablar entre los muertos, ese poblar el desierto de fantasmas.


O.O: -Bueno, yo encuentro una cierta cercanía entre el páramo que es esa zona casi intermedia entre los vivos y los muertos y ese lugar donde yo nací. A mí me impresionó siempre muchísimo Pedro Páramo, releí el texto muchas veces, y cuando lo conocí a Juan Rulfo me siguió impresionando muchísimo. No pude conversar mucho con él porque era un hombre muy tímido, muy reservado, no se explayaba; conseguí que me dijera muy pocas cosas, le molestaban los elogios, pero me dijo que después de Pedro Páramo todo lo que escribía o lo que intentaba escribir le parecía escaso. Me habló de un cementerio que había en las proximidades de donde él vivía y además me dijo que él oía esas gente que se levantaba por las noches. Oía sus voces.
Mi infancia estuvo llena de fantasmas y en mi casa todos creyeron en fantasmas de modo que te habrían aceptado en la familia con mucho gusto.


A.M.: A veces se separa un poco a la Olga Orozco poeta de la narradora, sin embargo hay interesantes puntos en común entre ambas.


O.O.: De La oscuridad es otro sol se habló mucho porque varios críticos encontraron en ese texto muchas claves de mi poesía. Este libro contiene relatos que tienen muchas más variaciones que el segundo libro, más derivaciones, mas desvaríos quizás. Los del segundo libro, También la luz es un abismo, son más cerrados, mas explícitamente relatos.


A.M.: Me parece interesante el contrapunto que se establece con los poemas, porque parece que el poema surge cuando no es posible reconstruir el relato, marcado por un carácter fragmentario, como si se tratara de jirones de la memoria. Me parece que en esta característica se centra la diferencia entre relato y poema en su estética.


O.O.: Yo creo que hay una diferencia dada sobre todo por lo lineal. El relato, aunque incluya transgresiones permanentes en el tiempo (suele haberlas) es siempre horizontal de algún modo, va paso a paso aunque transgreda los tiempos. En cambio la poesía incursiona en otros ámbitos que o son más abismales, mucho más oscuros, o persigue la intención de escarbar o incursionar en unas realidades más altas, es como una búsqueda de Dios, ¿no? Si yo tuviera que elegir una definición de la poesía, por más que todas las definiciones son escasas y a todas se les escapa algo, elegiría una de Howard Nemeroff, el poeta norteamericano, que dice que la poesía es la tentativa de apremiar a Dios para que hable. Yo lo intento siempre, pero claro, Dios no me responde, me responde en las plegarias pero no en los poemas.


A.M.: Nosotros tenemos la suerte de que Ud. no haya alcanzado la revelación o la llave última del reino porque así pudo seguir escribiendo esos poemas que siempre definió como tentativas por buscar la palabra perfecta.


O.O.: Todas son tentativas, todas son aproximaciones. Uno calcula que si se abrieran las puertas de lo que yo quiero ver sería la Revelación, pero, ¿quién tolera la revelación. Rilke dice: todo ángel es terrible. La revelación debe ser más terrible todavía que un ángel. Sería insoportable. Lo que hay es como una vislumbre, como si te abrieran y cerraran una puerta y alcanzaras a ver un relámpago.


A.M.: Me gusta la idea de que haya recibido el premio una poesía que se define a sí misma siempre como tentativa, como no lograda y también siempre como pregunta.


O.O.: Para mí la poesía es eso, es una pregunta continua, aunque se responda con algo, esa respuesta, que tiene la forma de una aseveración, es una pregunta que va un poco más allá. Siempre hay una tentativa de ir un poco más allá, pero cuando se llega a las últimas preguntas, uno se pregunta, ¿qué hay después? Las últimas preguntas te remiten a lo vedado, a lo que no puedes interrogar, aquello de lo que no puedes esperar una respuesta de este costado del mundo. Entonces ¿qué te queda?. Te queda el silencio, o retroceder y empezar otra vez a girar alrededor de un centro que te parece que no lo vas a tocar nunca. Es decir, para mí la poesía es una apuesta esperanzada y desesperanzada a la vez. La retomo con la esperanza de llegar a ese centro pero hay una cierta desesperanza de fondo.


A.M.: Está en relación con lo que decía Kierkegaard: el hombre, desde su finitud, tiende hacia el infinito. Esa tensión es una apuesta, y en el riesgo de esa apuesta está por un lado la posibilidad de vivir con pasión, de tener una pasión en la vida, y por otro la de acercarse, aproximativamente, a una verdad. A mí me parecía ver algo de esa concepción en sus poemas.


O.O.: Es exacto.


A.M.: Hay otra cosa que a mí me interesa particularmente preguntarle. En el libro en que se publicaron sus conversaciones con Gloria Alcorta Ud. se distanciaba un poco del feminismo y afirmaba que la creación no tiene sexo. A lo mejor somos los lectores los que ponemos el sexo/género, pero me parece que esa forma de entender la poesía, esa forma tan original que Ud. propuso, fue seguida por muchas poetas argentinas identificándola genéricamente como poesía de mujeres. Me gustaría saber qué piensa Ud. de esta suerte de tradición de poetas mujeres que se está armandoa partir de ahí, de este gesto que (Ud. lo dice ahí muy claramente) consiste en no pedir permiso a nadie para hablar, y ponerse frente a frente con los grandes temas.


O.O.: Yo creo que sí, que me puse frente a frente con los grandes temas. Pero yo he luchado desde el principio contra eso que denominan una poesía femenina; inclusive creo que a los dieciséis años fui la que impuso que aquí no se llame poetisa a las mujeres. Una poetisa constituía una especie de género literario: el género de las puntillas, de los desmayos, de la falta de rigor. Y esa no es la idea que se le puede adjudicar a una mujer que toma a la poesía como una misión muy seria en la vida, ¿no?, que la toma como algo sagrado Yo creo que cuando los hombres hablan de “poesía femenina” se refieren sin duda a la poesía de otros siglos en los que hubo pocas mujeres que tomaran la poesía realmente como una misión, la tomaban como una catarsis inmediata o como una evasión, como un entretenimiento, pero no fueron mas allá.


A.M.: En la actualidad cuando las mujeres hablan de “poesía femenina” quieren vaciar ese sentido y poner otro nuevo en su lugar.


O.O.: Pero ¿cuál es ese sentido?. La poesía de los hombres es poesía a secas, la poesía de las mujeres es poesía femenina, ¿por qué hacer esa discriminación?, es como la que se hace con los negros o con otro tipo de racismo. La poesía de las mujeres ya está en el mismo lugar: es poesía y nada más. Yo creo que tal vez las mujeres tengamos un manejo de cosas domésticas, como telas o temas que se relacionan con el cuidado de niños y demás, un lenguaje más adecuado a esos temas que los hombres, que manejan mejor el terreno de las finanzas, etcétera, terrenos que entran muy poco en el campo de la poesía, por lo demás.


A.M.: Sin embargo como lectora me parece que en su poesía, y también en sus textos narrativos, se construye un lugar donde una como mujer se puede reconocer, por ejemplo ese sentimiento hacia las muñecas que se vuelven siniestras, la voz de la abuela, o esa invocación en el poema “Madre, vuelve a contar mi vida”... Me parece que en sus textos es muy importante la voz de los mujeres.


O.O.: ¿Tú crees que los hombres no sienten esas cosas? El terror por las muñecas lo deben sentir más ellos que las mujeres. Lo tienen hasta cuando les anuncian que van a ser padres.


A.M.: Puede ser. Yo reconocí en esos textos parte de mi infancia.


O.O.: Tal vez también puedas reconocer parte de tu infancia si lees los cuadernos de Malte Laurids Brigge, de Rilke.


A.M.: Claro, pero no de la misma manera. Tal vez esta impresión pueda deberse parcialmente al uso del lenguaje coloquial y esas voces como provincianas que aparecen en los relatos.


O.O.: Hay un lugar diferente, naturalmente, pero tal vez no sea tanto por la infancia misma.


A.M.: Yo la vi siempre como a una poeta valiente que se atreve con los grandes temas con una métrica de versos muy largos, versos hímnicos o rituales, y una voz muy original.


O.O.: Las mujeres también somos muy valientes. Eso es lo que hace justamente que a veces te digan como un elogio “esa poesía no parece femenina”, cosa que me indigna.


A.M.: Alfonsina Storni, por ejemplo, está todavía como pidiendo permiso para hablar. Ud. no pide permiso para hablar.


O.O.: Es otro tiempo también. En ese entonces el machismo era mucho más fuerte y la discriminación con respecto a las mujeres era mucho mayor; sobre todo con respecto a una mujer tan libre como era Alfonsina Storni.


A.M.: Así que Ud. siempre se sintió cómoda...


O.O.: Sí, siempre me sentí cómoda. Tampoco sentí que los hombres me discriminaran. Por eso, cuando me invitan a colaborar en una antología exclusivamente femenina, casi siempre me niego, porque no me he sentido discriminada por los hombres.


A.M.: ¿Cómo ve el mundo de poetas nuevas que hay en la Argentina?


O.O.: Yo lo veo como una época muy buena. Hay quienes dicen que no es una buena época, que hay una decadencia. Yo siento que la juventud está haciendo muchísimas cosas y que hay muchísima efervescencia. Además se puede ver todos esos ciclos de lecturas que hay en distintos lugares, y las salas están llenas y están llenas sobre todo de gente joven.


A.M.: También Alejandra Pizarnik produjo une generación de poetas que la siguieron.


O.O.: Bueno, ella tuvo seguidores casi al pie de la letra. Inclusive colmó un tiempo en que casi no se podían leer los libros presentados a un concurso, porque eran todos derivaciones de su estética. Constaban siempre de dos estrofas descriptivas de tal o cual cosa, y después venia la tercera, como una estrofa-sorpresa.


A.M.: Hay algo muy interesante que surge en Ud. en la conversación y en los relatos y que no está en los poemas: el humor.


O.O.: No, claro, creo que el humor mata a la poesía. El humor es más importante en la vida.